Man watches bombing campaign Jodi Hilton/ZumaPress

Un sentido del que carece la democracia

NUEVA YORK – La decisión de abandonar una paz y prosperidad relativas para participar en una guerra y una inestabilidad brutales puede parecer irracional, pero hay jóvenes, nacidos y criados en sociedades democráticas, que han estado cediendo cada vez más al llamamiento de grupos asesinos como el Estado Islámico y abandonando  sus hogares y a sus familias para entregarse a la yijad en lugares lejanos. ¿Por qué ha perdido la democracia la lealtad de esos espíritus inquietos y cómo puede recuperar los corazones y las mentes de otros que podrían seguir su ejemplo?

El filósofo Friedrich Nietzsche escribió en cierta ocasión que los seres humanos preferirían desear la nada a no desear nada. La tremenda desesperación de una vida carente de interés, impotente y desesperanzada es inmensamente menos atractiva que la intensidad, aun cuando ésta radique en la violencia, la muerte y la destrucción.

En resumen, se trata de la falta del sentido cuya presencia nos motiva, nos conecta mutuamente y ordena nuestras vidas. Si falta –si los ideales e instituciones, pongamos por caso, no dan una sensación bastante palpable de comunidad y propósito–, las personas lo buscan en otro sitio, lo que en algunos casos les hace abrazar causas malévolas.

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