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Para acabar con el terrorismo de efecto bumerán

NUEVA YORK – Los ataques terroristas contra civiles, ya se trate del derribo sobre el Sinaí de un avión ruso que acabó con la vida de 224 pasajeros civiles, la espantosa matanza de París que se cobró 129 vidas inocentes o el trágico atentado con bomba que mató a 102 activistas por la paz, son crímenes contra la Humanidad. Hay que parar a sus perpetradores, en este caso, el Estado Islámico (ISIS). Para lograrlo, hará falta entender con claridad las raíces de la despiadada red de yijadistas.

Por doloroso que resulte reconocerlo, Occidente, en particular los Estados Unidos,  cargan con una importante responsabilidad por haber creado las condiciones en las que se ha desarrollado el ISIS. Sólo un cambio en la política exterior de los EE.UU. y la Unión Europea para con Oriente Medio puede reducir el riesgo de más terrorismo.

Se deben entender los recientes ataques como “terrorismo de efecto bumerán”: un espantoso resultado no deseado de las repetidas acciones militares, encubiertas o manifiestas, europeas y de los EE.UU. en todo Oriente Medio, el norte de África, el Cuerno de África y Asia Central encaminadas a derrocar a gobiernos e instalar regímenes dóciles para los intereses occidentales. Esas operaciones no sólo han desestabilizado las regiones a las que iban destinadas y han causado un gran sufrimiento, sino que, además, han colocado a las poblaciones de los EE.UU., la Unión Europea, Rusia y Oriente Medio en gran riesgo de ataques terroristas.

Nunca se ha contado de verdad al público la historia de Osama ben Laden, Al Qaeda o el ascenso del ISIS en el Iraq y Siria. A partir de 1979, la CIA movilizó, reclutó, entrenó y armó a jóvenes suníes para que lucharan contra la Unión Soviética en el Afganistán. La CIA reclutó abundantemente entre las poblaciones musulmanas (incluida Europa) para formar a los muyahidines, fuerza de combate multinacional movilizada para expulsar a los infieles soviéticos del Afganistán.