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El renacimiento abandonado del Islam

A menudo, los niños juegan un juego en el que se sientan en círculo. Uno dice algo en voz baja a su vecino, quien luego comunica esta información al siguiente niño, también en voz baja, y así sucesivamente. Para cuando el último niño comunica la información al primero, es totalmente diferente de lo que se dijo al principio.

Algo parecido parece haber ocurrido al interior del Islam. El profeta del Islam, Mahoma, nos dio una –y sólo una- religión. Sin embargo, hoy tenemos quizás mil religiones que dicen ser el Islam.

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Divididos por sus distintas interpretaciones, los musulmanes no juegan el papel que alguna vez tuvieron en el mundo; en lugar de ello, se encuentran debilitados y convertidos en víctimas. El cisma entre chiítas y sunnitas es tan profundo que cada lado condena a los seguidores del otro bando como apóstatas, kafir. La creencia de que la religión de los demás no es Islam, y que sus seguidores no son musulmanes, ha alimentado guerras intestinas en que han muerto millones... y en las que muchos seguirán muriendo.

Incluso entre los sunnitas y los chiítas hay otras divisiones. Los sunnitas tienen cuatro imanes y los chiítas, doce; todas sus enseñanzas difieren. Luego hay otras más, como las de los drusos, los alawitas y los wahabitas.

Además, nuestros ulemas (instructores religiosos) nos dicen que sus enseñanzas no deben ser cuestionadas. El Islam es una fe. Se debe creer en ella. La lógica y la razón no juegan papel alguno. Sin embargo, ¿en qué debemos creer cuando cada rama del Islam piensa que la otra está equivocada? Después de todo, el Corán es un libro, no uno ni dos, ni mil.

Según el Corán, musulmán es cualquiera que acepta que “no hay otro Dios (Alá) que Alá, y que Mahoma es su Rasul (Mensajero)”. Si no se agrega otro requisito, entonces todos quienes suscriben a estos preceptos deben ser considerados musulmanes. No obstante, la unidad de nuestra religión se ha roto debido a que los musulmanes gustan de agregar calificaciones que a menudo derivan de fuentes distintas del Corán.

Sin embargo, tal vez el mayor problema sea el progresivo aislamiento de la erudición islámica (y gran parte de la vida islámica) del resto del mundo moderno. Vivimos en una época marcada por la ciencia, en que las personas pueden ver tras las esquinas, escuchar y ver cosas que ocurren en el espacio exterior, y clonar animales. Y todas estas cosas parecen entrar en contradicción con nuestra creencia en el Corán.

Esto es así porque quienes interpretan el Corán son versados sólo en religión, sus leyes y prácticas, y por ende normalmente no son capaces de comprender los milagros científicos de hoy. Las fatwas (opiniones legales acerca de la ley islámica) que emiten parecen poco razonables y no pueden ser aceptadas por quienes tienen conocimientos científicos.

Un eminente profesor religioso, por ejemplo, se rehusó a creer que un hombre había puesto el pie en la luna. Otros plantean que el mundo fue creado hace 2000 años. La edad del universo y su tamaño, medido en años-luz, son cosas que los ulemas que han recibido una formación puramente religiosa no pueden aprehender.

Este fracaso es en gran parte responsable de la triste situación de tantos musulmanes. La opresión, las matanzas y las humillaciones que hoy en día sufren muchos musulmanes ocurren porque somos débiles, a diferencia de los musulmanes del pasado. Podemos sentirnos victimizados y criticar a los opresores, pero para detenerlos necesitamos mirarnos a nosotros mismos. Debemos cambiar por nuestro propio bien. No podemos pedir a nuestros detractores que cambien por el beneficio de los musulmanes.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer? En el pasado, los musulmanes éramos fuertes porque éramos instruidos. El mandato de Mahoma era leer, pero el Corán no dice qué leer. De hecho, en esa época no había una “erudición musulmana”, de modo que leer significaba leer lo que hubiera disponible. Los primeros musulmanes leían los trabajos de los grandes científicos, matemáticos y filósofos griegos. También estudiaron las obras de los persas, los indios y los chinos.

El resultado fue un florecimiento de las ciencias y las matemáticas. Los eruditos musulmanes hicieron su aporte el cuerpo de los conocimientos existentes y desarrollaron nuevas disciplinas, como la astronomía, la geografía y nuevas ramas de las matemáticas. Introdujeron los numerales, haciendo posible la realización de cálculos simples e ilimitados.

Sin embargo, alrededor del siglo quince, los eruditos en el Islam comenzaron a refrenar el estudio científico. Empezaron a estudiar la religión únicamente, insistiendo en que sólo quienes lo hicieran (particularmente el ámbito de la jurisprudencia islámica) ganarían méritos en el más allá. El resultado fue un retroceso intelectual en los precisos momentos que Europa comenzaba a abrazar el conocimiento científico y matemático.

Y así, mientras los musulmanes retrocedían en lo intelectual, los europeos comenzaban su renacimiento, desarrollando mejores maneras de satisfacer sus necesidades, incluida la fabricación de armas que finalmente les permitieron dominar el mundo.

En contraste, los musulmanes debilitaron fatalmente su capacidad de defenderse, al descuidar e incluso rechazar el estudio de ciencias y matemáticas supuestamente seculares, y esta miopía sigue siendo una fuente fundamental de la opresión que sufren en la actualidad. Muchos musulmanes todavía condenan al fundador de la Turquía moderna, Mustafá Kemal, por haber intentado modernizar su país. Pero, ¿sería musulmana la actual Turquía sin Ataturk? La visión señera de Mustafá Kemal salvó al Islam en Turquía y salvó Turquía para el Islam.

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El no comprender e interpretar el mensaje verdadero y fundamental del Corán sólo ha traído desgracias a los musulmanes. Al limitar nuestras lecturas sólo a obras religiosas y desatender la ciencia moderna, destruimos la civilización islámica y perdimos nuestro camino en el mundo.

El Corán dice que “Alá no cambiará nuestra situación desgraciada a menos que hagamos el esfuerzo de cambiarla”. Muchos musulmanes siguen haciendo caso omiso de esto y, en lugar de ello, simplemente rezan a Alá para que nos salve y nos devuelva la gloria perdida. Pero el Corán no es un talismán que se cuelga al cuello para brindar protección contra el mal. Alá ayuda a quienes alimentan sus mentes.