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La brecha electoral del Islam

Entre los temas que debatirán los líderes de la OTAN en Turquía la próxima semana se encuentra cómo reformar el mundo islámico. Tanto el Presidente Bush como la Unión Europea han propuesto atrevidas iniciativas de democratización para la región. ¿Pueden tener éxito?

Con frecuencia se supone que el Islam y la democracia son encarnizados antagonistas. Un cuidadoso estudio de los 47 estados que en el mundo tienen mayoría musulmana, sin embargo, muestra que el Islam y la democracia pueden coexistir, y de hecho lo hacen. La brecha real es más estrecha: es el mundo árabe, no el Islam, el que parece estar en malos términos con la democracia.

Esta conclusión se basa en la comparación con los países musulmanes que poseen "competitividad electoral". Si un gobierno surge de elecciones razonablemente limpias y es capaz de ocupar mediante ellas los puestos políticos más importantes, se considera que el país es "electoralmente competitivo".

Los países electoralmente competitivos no necesariamente son democráticos: algunos no controlan completamente el territorio del estado, mientras otros violan sus constituciones y los derechos humanos. Pero la competitividad electoral es siempre una condición necesaria para la democracia y, por tanto, una consideración central a la hora de evaluar las perspectivas de democratización de un país.