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El Islam como herramienta de modernización

Una gran preocupación en Irak y en el Medio Oriente en general es que el Islam y la modernización son conceptos antagónicos. Sin embargo, la historia de Malasia en las últimas tres décadas demuestra que esta creencia es errónea. De hecho, la islamización ha probado ser un medio político eficaz para reconciliar a la mayoría de los malayos con el rápido crecimiento económico del país.

A principios de la década de 1970, cuando era todavía un país abrumadoramente agrícola y la islamización recién cobraba impulso, Malasia se embarcó en la así llamada “Nueva Política Económica" (NPE), diseñada para ayudar a la mayoría de los malayos a acceder a una mayor proporción de la riqueza del país. Después de tres décadas de espectacular crecimiento económico, muchos malayos han logrado prosperidad y satisfacción de sus necesidades no sólo a través del capitalismo secular, sino mediante el renovado sentido de identidad islámica del país, sensibilidad que en su mayor parte abrazó la modernización.  (Por supuesto, cada cierto tiempo aparecen paradojas, como cuando se aboga por la globalización junto con demandas de una mayor censura.)

Políticos de mentalidad islámica, como Anwar Ibrahim, ganaron prominencia cuando se dio inicio a la islamización en los años 70. Pero el Islam que promovieron no era tenía un cariz retrógrado; en lugar de ello, buscaba dar forma a una política modernizadora que tomara en cuenta las sensibilidades musulmanas.

Frente a la popularidad que gozaba su movimiento en la base social, en 1982 el gobierno del entonces Primer Ministro Mahathir Mohamed decidió atraer a Anwar Ibrahim a su Organización Nacional de Malayos Unidos (UMNO), el partido dominante dentro de la coalición que gobernaba el país. La estrategia funcionó bien y ayudó a desactivar la oposición islámica a los difíciles cambios que acompañaban la rápida modernización económica del país.