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¿Se está autodestruyendo Putin?

Con el arresto del hombre más rico de Rusia, el magnate petrolero Mikhail Jodorkovsky, Rusia ha entrado en una profunda crisis política. Inadvertidamente, el Presidente Vladimir Putin ha optado por una victoria del todo o nada sobre el olicarca del petróleo. Lo que está en juego es nada menos que la frágil democracia rusa.

Los cargos legales contra Jodorkovsky se refieren a antiguos casos relacionados con la privatización y la evasión de impuestos. Pero son tan ligeros como tendenciosos: el caso sobre la privatización se había resuelto de manera amistosa previamente y Jodorkovsky simplemente ha usado planes de evitación de impuestos que son práctica común en Rusia, y así se ha sostenido en la corte. El verdadero problema es que Jodorkovsky es demasiado poderoso e independiente para la política encorsetada que desea Putin.

Durante sus cuatro años en el poder, Putin ha impulsado cuatro políticas principales. Las primeras tres (reforma de libre mercado, el imperio de la ley y una política exterior pragmática) han sido aclamadas en todos lados, mientras que la cuarta ("una democracia administrada") se ha tolerado porque ha traido estabilidad política. Pero ahora la "democracia administrada" amenaza con deshacer todos los otros tres logros reales.

Jodorkovsky es el cuarto empresario importante cuyas acciones las autoridades tratan de neutralizar. El estado ha intervenido cuatro canales de televisión independientes y no se permiten críticas a Putin en medios de comunicación de importancia. Las principales organizaciones que realizan encuestas también han caido bajo el control del Kremlin. Las elecciones regionales se manipulan regularmente, a menudo mediante la descalificación de los principales candidatos de oposición. El patrón es evidente: hay en camino una intención autoritaria sistemática.