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¿Es la OTAN la gran víctima de la guerra contra el terrorismo?

Al terminar las guerras, comienzan las autopsias diplomáticas y políticas. Todavía es muy pronto para sacar conclusiones firmes sobre la ''guerra contra el terrorismo'' en Afganistán. Sin embargo, sí se pueden sacar algunas conclusiones preliminares. Una de ellas tiene que ver con los cambios casi revolucionarios que se están contemplando en las relaciones de la OTAN con Rusia. Otra menos visible es la herida profunda y autoinfligida que, en mi opinión, se ha abierto en la OTAN misma.

Desde el principio de la crisis, el 11 de septiembre, los miembros europeos de la OTAN (así como otros países, por supuesto) se alinearon rápidamente con los Estados Unidos con solidaridad moral y política, y con ofrecimientos de cooperación. Por primera vez desde la fundación de la OTAN, se invocó el Artículo 5 del Tratado de Washington.

El Tratado de Washington se firmó hace medio siglo para hacer frente a la amenaza soviética en los inicios de la Guerra Fría. El Artículo 5 es la piedra angular del tratado, porque estipula que un ataque en contra de algún miembro de la alianza se considerará como un ataque en contra de todos. Este artículo distingue a la OTAN de casi cualquier otra alianza defensiva en la historia de la humanidad en el sentido de que incorpora una garantía sin límites de defensa colectiva. Hasta el 11 de septiembre, nunca se había activado.

Se trataba de un suceso trascendental en los 52 años de historia de la OTAN, y uno podría pensar que su activación llevaría a un proceso de defensa colectiva por parte de la organización. Inglaterra y otros aliados europeos, incluyendo a Francia, Italia, e incluso Alemania, ofrecieron proporcionar fuerzas militares. Sin embargo, la administración Bush no quería una defensa colectiva, ni que la OTAN se involucrara. A excepción de una contribución militar pequeña, esencialmente marginal, por parte de Inglaterra, los EU se propusieron pelear esta guerra ellos solos.