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¿Vale la pena dialogar con Irán y Siria?

A pesar de los comentarios frecuentes en contra, el problema fundamental en Oriente Medio no es la intervención de Occidente. Por el contrario, el problema real es que, a pesar de su interés superficial, las potencias occidentales no parecen capacitadas ni para la guerra ni para el diálogo. Esto deja a todos en la región a merced de los regímenes opresivos y los terroristas proliferantes de Oriente Medio.

Los defensores de la guerra en Irak nunca entendieron las complejidades en el terreno que implicaba entablar una guerra efectiva de liberación y democratización. En consecuencia, sus políticas simplemente terminaron eliminando a los dos principales rivales regionales de Irán: los talibanes y el régimen de Saddam Hussein. Esto le ofreció a Irán una oportunidad dorada para proyectarse como un poder hegemónico regional, y es poco probable que los líderes iraníes dejen escapar esta oportunidad.

Los defensores del diálogo con los iraníes y sus aliados sirios, como el ex secretario de Estado norteamericano James Baker, operan bajo la falsa ilusión de que, en verdad, pueden llegar a un entendimiento que les permita una salida gallarda de Estados Unidos de Irak y los ayude a estabilizar a ese país herido. La ilusión errónea se basa en dos presunciones falsas: que los iraníes y los sirios pueden tener éxito donde Estados Unidos fracasó en Irak y que la comunidad internacional se puede permitir pagar el precio de asegurar su cooperación.

Es verdad, Siria e Irán desempeñan un papel importante en lo que concierne a apoyar a los insurgentes iraquíes, y Siria sigue alentando el tráfico de jihadistas y armas por sus fronteras con Irak. Pero la idea de que se pueden frenar estas actividades a voluntad es ingenua.