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¿Tiene razón Bush?

Independientemente de lo que piensen los críticos en país y en el extranjero, el “incremento” que el presidente Bush está planeando para Iraq es más que un aumento de las tropas; es una nueva estrategia regional de alto riesgo. Es cierto que el plan de Bush resultará insuficiente y llegará demasiado tarde para estabilizar Iraq. Pero le ofrece a Estados Unidos algunos beneficios de largo plazo en la batalla regional con Irán por obtener influencia.

En el centro de la nueva estrategia de Bush está la decisión de conducir la lucha directamente hacia la milicia más poderosa de Iraq, el ejército Mahdi. Bajo el control nominal del clérigo militante Moqtada al-Sadr, el grupo se ha convertido en la fuerza de combate más grande y mejor armada de Iraq y tiene su propia agenda política y de seguridad.

El ejército Mahdi ya ha intercambiado fuego con las tropas estadounidenses, particularmente durante las duras batallas por el control de las ciudades meridionales de Iraq de Najaf y Karbala en 2004. Esas confrontaciones terminaron con una especie de tregua –aunque han continuado las escaramuzas—porque las fuerzas estadounidenses se muestran reacias a luchar contra los insurgentes sunitas y los milicianos chiítas al mismo tiempo.

El Primer Ministro iraquí, Nouri al-Maliki, también ha estado renuente a atacar al ejército Mahdi, principalmente porque el apoyo de los parlamentarios leales a Sadr es crucial para su supervivencia política. Ahora, en lugar de esperar a que Maliki actúe, las fuerzas estadounidenses parecen estar listas a hacer el trabajo por sí mismas.