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¿“Eurabia” es inevitable?

¿Qué hace que los musulmanes jóvenes en Occidente sean susceptibles al radicalismo? ¿Cómo es la experiencia de la creciente generación de musulmanes de Occidente que lleva a una minoría a ver en la violencia una solución a sus dilemas económicos y políticos y en el suicidio, su recompensa y salvación?

Gran Bretaña, que pronto celebrará el aniversario de los atentados del año pasado en Londres, es un caso testigo para buscar respuestas a estos interrogantes. Para los musulmanes jóvenes británicos, nuestro mundo globalizado desafía creencias fundamentales, desestabilizando su identidad y, así, alimentando una respuesta defensiva. La ciudadanía británica, por supuesto, garantiza la libertad de expresión y los derechos de las minorías, y los musulmanes jóvenes aprovechan plenamente esta situación. Sin embargo, están utilizando esta libertad para profundizar los vínculos familiares y culturales con el mundo cerrado de su identidad musulmana heredada, particularmente su política.

En la práctica, esto significa que muchos musulmanes jóvenes están absolutamente preocupados por hechos que suceden en el mundo árabe y musulmán. Ven lo que vemos nosotros: una región donde los países autocráticos parecen corruptos y paralizados. Pero también ven un nivel de hostilidad sin precedentes de parte de Occidente, y un régimen tras otro que parece en peligro o de cara al caos. Afganistán, Irak, Palestina y ahora Irán: todos parecen bajo ataque como parte de la “guerra global contra el terrorismo”. En consecuencia, las opciones estratégicas de Occidente parecen inherentemente anti-islámicas a los ojos de infinidad de sus musulmanes jóvenes.

Esta preocupación por Oriente Medio está en el corazón de la política de los musulmanes jóvenes en las universidades, mezquitas y sitios web británicos. Si bien la mayoría no apoya a Pervez Musharaf de Pakistán, a Hosni Mubarak de Egipto o a la familia al-Saud, consideran hipócrita la crítica que hace Occidente de estos líderes, destinada a manipular y marginar –después de todo, Occidente, en realidad, no quiere excederse con estos regímenes.