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Irlanda debe tomar una decisión en cuanto a asuntos fiscales

DUBLÍN – “La construcción de Europa es un arte”, alguna vez declaró el ex presidente francés, Jacques Chirac. “Es el arte de lo posible.” Si la construcción de Europa ha sido el arte de lo posible, entonces su destrucción –o peor, su colapso- será un asunto sorprendentemente doloroso y temible.

Una situación como la anterior enfrentaban los líderes europeos el otoño pasado. El euro atravesaba un periodo de serias dificultades, y encima había rumores de caídas inminentes de los sistemas bancarios. Los rendimientos de los bonos en Europa del sur estaban aumentando, y un sentido generalizado de aprensión y miedo envolvía a los gobiernos en las capitales europeas. Pero era muy fuerte la falta de liderazgo político.

Finalmente en diciembre se tomaron medidas enérgicas. Se establecería un “tratado fiscal”, que fortalecería el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y lo que es más importante, implicaría sanciones automáticas para garantizar que los miembros de la eurozona cumplan con esas reglas. Al mismo tiempo, el Banco Central Europeo inició su operación de  financiamiento de largo plazo por 1.3 billones de dólares, que evitó el desplome del sistema bancario europeo.

Estas dos medidas fueron vitales y se emprendieron en el momento oportuno, creando así un periodo de calma y reflexión. En marzo, una vez que se acordó el tratado fiscal, el Consejo Europeo se enfocó en el restablecimiento del crecimiento económico, que será un elemento clave en la sostenibilidad fiscal de largo plazo.