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La división económica de Iraq

Quienes miran a Iraq ven una nación dividida entre comunidades chiítas, sunnitas y kurdas. Pero la creciente brecha entre los ricos y los pobres en Iraq es una división igualmente fundamental, que ha contribuido a la insurrección continua tanto como las luchas sectarias y la oposición a la ocupación encabezada por Estados Unidos.

Cuando Iraq fue liberado, la mayoría de la gente, sobre todo los pobres, comenzó a tener esperanzas de que llegara un líder carismático que los rescatara de la amarga realidad de la vida cotidiana. Al haberse criado con temor, no tenían idea de cómo podría aplicarse la democracia a su sociedad y de qué manera podrían ayudar los grupos defensores de los derechos humanos y otras organizaciones cívicas a conformar el futuro.

Muy pronto Iraq se enfrentó a una nueva división social. De un lado estaban las personas que comprendían cómo funcionar en una democracia, cómo alcanzar el poder y cumplir sus ambiciones. Aprendieron a hablar el idioma de la democracia y en el proceso obtuvieron dinero e influencia y reclutaron a organizaciones independientes para defender sus derechos y privilegios.

Sin embargo, del otro lado queda la enorme población de iraquíes sin poder, incluyendo a las viudas y las mujeres divorciadas y abandonadas que no tienen quien se haga cargo de ellas y sus hijos. Para estas personas la democracia y los derechos humanos no significan nada. Son ignorantes, pobres y están enfermas. Son víctimas de un sistema educativo que se colapsó hace más de una década y tienen pocas habilidades que les permitan encontrar empleo en la arruinada economía de Iraq.