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Las balas y los votos de Iraq

Cuando la guerra de Iraq comenzó en 2003, la administración Bush tenía planes muy ambiciosos: al igual que en la Alemania y el Japón de después de 1945, se preveía una ocupación larga y pacífica, durante la cual la creciente producción de petróleo aseguraría una prosperidad cada vez mayor a medida que se construyeran una a una las estructuras democráticas. La base sería una constitución liberal, incluso posmoderna, con todo y la garantía de un 25% de las curules del parlamento para las mujeres.

En el Iraq de hoy no hay paz ni prosperidad. La constitución que se someterá a votación el 15 de octubre incluye esa regla del 25%, pero por lo demás dista mucho de ser liberal. La disposición clave (artículo 2) de que ninguna ley puede contradecir "las reglas indiscutibles del Islam" viola el principio básico de la soberanía parlamentaria e impedirá que la legislación cumpla con los estándares internacionales.

Por ejemplo, la edad para el consentimiento sexual no se puede fijar por arriba de los nueve años, porque Mahoma mismo tuvo una esposa de nueve años. De ahí se desprende que las niñas de nueve años son también adultas según la ley penal y están sujetas a la pena máxima por, digamos, convertirse a otra religión. De manera más amplia, los chiítas pueden usar esa disposición para poner a sus ayatolas por encima del parlamento electo, como en Irán, porque sólo ellos están autorizados para determinar las "reglas" del Islam.

A los extranjeros y los pocos iraquíes liberales les preocupa principalmente esta disposición islámica, pero la oposición generalizada de los sunitas a la constitución está dirigida a otras disposiciones: la exclusión del "Partido Ba'ath Sadamista" de la vida política y el gobierno y las disposiciones federalistas que dan autonomía a las 18 provincias iraquíes y les permiten combinarse para formar gobiernos regionales.