0

El Iraq y el aislamiento japonés

Todos los países que han enviado tropas para contribuir a la intervención de los Estados Unidos en el Iraq están sometidas a presión, como lo demuestra la decisión adoptada por las Filipinas de retirar su pequeño contingente, pero para el Japón la cuestión de si seguir contribuyendo a la reconstrucción del Iraq va más allá de los pros y los contras de esa política y afecta a la esencia de los conceptos japoneses de seguridad e interés nacional.

Durante toda la guerra fría, la política de seguridad nacional del Japón pareció oscilar entre el principio de "las Naciones Unidas primero" y el de "la Alianza primero". Sin embargo, el rumbo del Japón estuvo marcado por el deseo de fortalecer la alianza con los Estados Unidos. Esa tendencia sigue predominando.

Pero los ataques terroristas habidos en los Estados Unidos en septiembre de 2001 obligaron al Japón a reconocer que debía empezar a intensificar su autonomía y juicio independiente al formular y aplicar sus políticas de seguridad nacional. El paradigma de la seguridad internacional que durante mucho tiempo había marcado la concepción de la defensa del Japón había cambiado y los encargados de la formulación de políticas comprendieron que debían cambiar con ella. Hoy día, para el Japón, la política de seguridad debe satisfacer una trinidad de criterios: "intereses nacionales", "alianza" y "cooperación internacional".

Esa trinidad no es algo nuevo para el Japón, sino que tiene profundas raíces históricas. Puede ser útil mirar atrás: en particular, la actuación japonesa en la época de la rebelión de los bóxer (1900), como también durante la primera guerra mundial. Naturalmente, hay diferencias enormes entre la situación de entonces y la que ahora afronta el Japón, pero esos marcos históricos arrojan luz sobre su reacción ante los acontecimientos en el Iraq y, más en general, en el mundo de hoy.