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Iraq: más que un problema de Estados Unidos

Mucha gente en todo el mundo está permitiéndose lo que los alemanes llaman "schadenfreunde": placer ante el sufrimiento de los demás. El placer parece derivarse del sufrimiento que está soportando Estados Unidos tras cuatro años de esfuerzos por estabilizar Iraq.

En un nivel, esa reacción es predecible. No es nuevo el resentimiento ante los ricos y poderosos. Sin embargo, en los últimos años EE.UU. lo ha agravado por lo que ha hecho y el modo como lo ha hecho.

Para algunos, fue la decisión de ir a la guerra en Iraq; para otros, fue Guantánamo y la percepción de que la justicia estadounidense tiene un doble estándar. Para otros más, fue la falta de un esfuerzo sostenido por hacer que israelíes y palestinos logren un acuerdo de paz, o por la oposición estadounidense al Tribunal Penal Internacional y al Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático. El resultado es que el sentimiento antiestadounidense ha crecido, tanto en alcance como en intensidad.

Aún así, cualquier insatisfacción con los problemas que Estados Unidos sufre en Iraq es miope, y es seguro que tendrá una breve duración.