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¿Puede la economía iraní hundir a Rouhani?

CAMBRIDGE – Para ser una “democracia controlada”, las elecciones presidenciales en Irán son notoriamente impredecibles. Y la próxima del 19 de mayo no es excepción, ya que el actual mandatario, Hassan Rouhani, se enfrenta a un duro retador conservador.

El adversario de Rouhani, Ebrahim Raisi, es un clérigo de alto rango al que se considera posible sucesor del Líder Supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei. La campaña de Raisi cobró impulso con la decisión de otro candidato conservador (Mohammad Bagher Qalibaf, alcalde de Teherán que en la elección de 2013 obtuvo la tercera parte de los votos de Rouhani) de retirarse de la competencia.

En 2013, cuando Rouhani ganó la elección, Irán sufría un 35% de inflación, la moneda nacional había perdido dos tercios de su valor en un año, y las sanciones internacionales paralizaban la economía. Las exportaciones de petróleo y la producción de automóviles (principal industria fabril iraní) habían también disminuido en dos tercios cada una, y los trabajadores industriales estaban inquietos y exigían el pago de sueldos atrasados.

Rouhani hizo campaña contra las políticas populistas del expresidente Mahmoud Ahmadinejad, y prometió anteponer el empleo y la producción a la redistribución. Dijo que controlaría la inflación, negociaría un acuerdo con Occidente para poner fin a las sanciones y restauraría la estabilidad macroeconómica.