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La lucha por el poder supremo de Irán

WASHINGTON, DC – El Líder Supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, nunca se sintió cómodo con el estatus de la presidencia iraní –ni durante su propio mandato, entre 1981 y 1989, ni durante los mandatos de sus tres sucesores.

La tensión entre el presidente y el Líder Supremo es una parte intrínseca del núcleo de la República Islámica. El Líder Supremo tiene autoridad absoluta y puede vetar las decisiones tomadas por las ramas ejecutiva, legislativa y judicial del gobierno. Al mismo tiempo, el presidente surge de un proceso electoral con una agenda y ambiciones propias. Durante el segundo mandato de un presidente –que Mahmoud Ahmadinejad acaba de comenzar-, las tensiones inevitablemente salen a la luz pública. 

Khamenei nunca estuvo dispuesto a tolerar un presidente con una base de poder independiente importante. En el pasado, le cortó las alas a Akbar Hashemi Rafsanjani, que tenía fuertes vínculos con la clase comerciante, y a Mohammad Khatami, un reformista cuyo respaldo provenía de los profesionales de clase media. Si bien Ahmadinejad recibió el respaldo del Líder Supremo frente a las protestas masivas contra su reelección el año pasado, Khamenei no parece dudar a la hora de limitar el poder del presidente.

De hecho, pareciera ser que las manifestaciones masivas contra Ahmadinejad demoraron su confrontación, ya que tanto el Líder Supremo como el presidente aparecieron públicamente para defender la legitimidad de la elección. Pero las opiniones islámicas radicales de Ahmadinejad y el respaldo que recibe de los iraníes religiosos de clase media baja no lo protegieron de Khamenei.