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El Irán empuña y agita su sable

WASHINGTON, D.C. – Mientras Occidente intensifica su presión económica al Irán para que ponga fin a su empeño de fabricar armas nucleares, los gobernantes de la República Islámica no se han quedado cruzados de brazos. Como el Irán carece del poder blando y la capacidad económica para contrarrestar la presión occidental, es probable que sus dirigentes recurran a amenazas e incluso a la fuerza para impedir que Occidente adopte medidas más severas, como lo demuestra el reciente ataque a la embajada británica en Teherán.

Las autoridades iraníes afirmaron que unos “estudiantes” airados asaltaron la embajada espontáneamente. Una vez dentro, se apoderaron de algunos documentos,  prendieron fuego a otros y tomaron como rehenes a seis empleados de la embajada. Hasta mucho después no controló la policía a la multitud y liberó a los rehenes.

Fue una escena casi familiar. En 1979, también la embajada de los Estados Unidos fue atacada por “estudiantes” airados, lo que avivó una enemistad entre los dos países que ha continuado hasta hoy. El ayatolá Ruhollah Jomeini no conocía el plan de los estudiantes en 1979, pero más adelante apoyó sus acciones e hizo del antiamericanismo un pilar de la política exterior del Irán.

El Irán de hoy no es el Irán revolucionario de 1979. Treinta y dos años después de que se creara la República Islámica, las tácticas del Irán resultan evidentes para todo el mundo. Los llamados “estudiantes” son miembros de la milicia Basij, que recibió la orden de atacar a la embajada, y la policía se limitó a fingir que los detenía.