1

La economía de Irán después de las elecciones

LONDRES – Los recientes triunfos de los candidatos reformistas oficialistas en las elecciones parlamentarias de Irán le han dado al presidente Hassan Rouhani un impulso bienvenido en la mitad de su mandato. Pero siguen existiendo enormes desafíos económicos. Y, en los próximos meses, esos desafíos son los que determinarán las líneas de batalla entre el presidente y sus adversarios de ala dura dentro y fuera del parlamento.

Las elecciones normalmente se ganan y se pierden conforme a alineamientos políticos, y el voto reciente de Irán no es una excepción. Pero, en esta ocasión, existen motivos para creer que las preocupaciones económicas fueron un motor importante de cambio político, como quedó demostrado por la masiva concurrencia a las mesas electorales. Desde julio, cuando Irán firmó un acuerdo nuclear emblemático con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Unión Europea, las expectativas populares de una mejora en el estado de la economía han alcanzado un estado de excitación extrema.

Rouhani es plenamente consciente de la importancia de las expectativas económicas; de hecho, fueron precisamente esas expectativas las que lo llevaron a la presidencia en 2013. La reciente campaña electoral una vez más cobró fuerza a partir de la promesa de sanear una economía azotada por años de duras sanciones económicas y una mala gestión interna. Es por eso que le asignó una alta prioridad a cerrar un acuerdo con el mundo exterior que pudiera poner fin al expediente nuclear y allanar el camino hacia la recuperación económica.

La economía que Rouhani heredó de su antecesor, Mahmoud Ahmadinejad, había estado distorsionada por años de redistribuciones generosas de los ingresos petroleros entre los seguidores del presidente, y golpeada por una estanflación, en tanto lo que el vicepresidente norteamericano Joe Biden llamó las "sanciones económicas más duras de la historia" comenzaron a tener efecto. En 2013, el año en que asumió Rouhani, la inflación superó el 40% y el PIB se contrajo el 6%.