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Irán: un año después

WASHINGTON, DC – Este mes marca el primer aniversario de la polémica reelección del presidente iraní de línea dura Mahmoud Ahmadinejad, que desató los levantamientos más populares del país desde la Revolución Islámica de 1979. Si bien el régimen gradualmente logró reprimir con métodos violentos el impulso del opositor Movimiento Verde, las profundas divisiones internas del país –tanto entre las elites políticas como entre el gobierno y la sociedad- distan de estar reconciliadas.

Entre las numerosas víctimas postelectorales está la noción de que Irán es una “República Islámica”. Como dijo el difunto Gran Ayatollah Ali Montazeri, la brutalidad del régimen hacia su propio pueblo ha logrado que el país no sea “ni islámico ni una república”.

Otra víctima es la legitimidad del Líder Supremo Ayatollah Ali Khamenei. Durante dos décadas, Khamenei engañosamente cultivó una imagen de guía imparcial y magnánimo, pero su desafiante respaldo público de Ahmadinejad lo expuso como un autócrata mezquino y parcial. Entre los eslóganes inéditos de las protestas callejeras del pasado verano había cánticos ensordecedores de “Khamenei es un asesino, su liderazgo no existe”.

Bajo la conducción de Khamenei, una trinidad non-sancta conformada por la Guardia Revolucionaria, clérigos de línea dura y milicias Basij no adoctrinadas -todos ellos flamantemente enriquecidos- ejerce cada vez más poder. A pesar de sus pretensiones religiosas de guía espiritual, el futuro de Khamenei descansa básicamente en las manos de la Guardia Revolucionaria. Si bien la oposición a su régimen entre los máximos clérigos en Qom preocupa a Khamenei, la oposición en las entrañas de la Guardia Revolucionaria podría ser fatal para él.