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Irán - Tierra de Paradojas

Irán está marcando el 23 aniversario de su Revolución Islámica con nostálgicas ráfagas contra "América, el Gran Satán", gracias, en parte, a que el presidente George Bush nombró a Irán como parte del "Eje del Mal" involucrado en el terrorismo y la producción de armas de destrucción masiva. Bajo la superficie, sin embargo, Irán ya no es el Estado sharia del Ayatollah Khomeini.

Irán sí merece ser clasificado como un promotor regional y quizá global de la inestabilidad; su apoyo del terrorismo islámico fundamentalista del Hizbollah en Líbano está, en efecto, dirigido a minar más la decreciente posibilidad de una reconciliación Israel-Palestina. Pero los desarrollos internos en Irán son complejos y satanizar a la República Islámica no ayuda. Establecer una simple dicotomía entre "conservadores" y "reformadores", estos últimos lidereados por el presidente Khattami, tampoco ayuda.

En muchos aspectos, Irán es tal vez el más interesante país de la región, con el mayor potencial de desarrollo hacia, no una democracia al estilo occidental, sino más apertura y liberalización. La paradoja es que el potencial de Irán se asienta en su ideología como estado islámico. Después de los turbulentos y sangrientos primeros años de la revolución iraní, en los últimos pocos años se han dado algunos notables desarrollos. Entre ellos:

Elecciones: están confinadas a un discurso islámico y todos los candidatos y partidos deben asegurar el imprimatur de la más alta autoridad islámica en el país antes de que puedan aparecer en una boleta de voto. Pero a pesar de esas restricciones, hay una fuerte competencia entre varios grupos e interpretaciones.