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¿Qué haremos con los desplazados por el clima?

BERKELEY – El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) va más allá de los datos principales del aumento de la temperatura y el nivel del mar, y capta en toda su dimensión la amenaza para la vida humana que implica el calentamiento del planeta. Explica la intensificación del clima extremo, las sequías, la pérdida de hábitats y especies, las islas de calor urbanas y la destrucción de las fuentes de alimentos y sustento. Y la comunidad científica ahora tiene una mayor certeza de que el cambio climático tiene un impacto directo sobre las migraciones.

Los desplazamientos relacionados con el clima afectan desproporcionadamente a quienes menos contribuyeron a crear el problema. Gracias a los reiterados fracasos de las principales potencias mundiales para solucionar el cambio climático, el clima extremo en América Central, los incendios y tormentas en Norteamérica, las inundaciones en toda Europa y Asia, y las sequías en África están obligando a la gente a mudarse. El año pasado, la Cruz Roja confirmó que ya tuvo que hacer frente a las consecuencias del cambio climático en los 192 países donde funciona.

El informe del GIECC reconoce que la migración es una forma de adaptación climática, y que ya está ocurriendo. Esta es una corrección importante a la narrativa muy difundida en la que se indicaba que los desplazamientos vinculados con el clima serían un problema a futuro.

Esa idea suele ir acompañada en los países ricos del catastrofismo relacionado con oleadas de refugiados climáticos. En el Norte Global cada vez se destina más dinero a la creciente industria de la seguridad y la vigilancia fronterizas, que promete ocuparse de la «amenaza» con un «muro climático mundial». Los miembros de grupos de presión de ese sector y sus aliados políticos afirman que serán necesarias redes avanzadas de armas, muros, drones, tecnología de vigilancia y persecución judicial para proteger a los países poderosos de las futuras oleadas de personas desplazadas por el clima.

Pero los muros climáticos no proporcionan esa protección, aun cuando amenazan las libertades civiles (tanto en los países más ricos como en cualquier otra parte) y distraen recursos de la acción climática significativa para dejarlos en manos de los especuladores que aprovechan la crisis. Peor aún, estos operadores están estrechamente vinculados a los sectores de los combustibles fósiles, la finanzas mundiales y las armas, que se benefician cuando los conflictos generan flujos de refugiados (cuyas probabilidades aumentarán con el cambio climático).

Estas falsas soluciones ya están costando vidas y fuentes de sustento. En 2020-21, murieron 2000 personas en el Mediterráneo debido a políticas ilegales de «resistencia» en la Unión Europea. Quienes son rechazados en la frontera entre EE. UU. y México también escapan del clima extremo, al igual que muchos de quienes languidecen arrestados por tiempo indeterminado en países que van desde Gran Bretaña hasta Australia.

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El informe del GIECC está en lo cierto cuando destaca cuán urgente es la descarbonización para evitar mayores desplazamientos. Pero no podemos quedarnos solo con eso. Hay que presionar a los gobiernos de los principales emisores de gases de efecto invernadero para que apoyen a los países que enfrentan pérdidas y daños irreversibles por el cambio climático. El movimiento contra el cambio climático fracasará si solo se centra en las energías renovables y deja de lado las medidas para reducir el sufrimiento que causa la emergencia climática que ya existe.

¿Qué más podemos hacer? En primer lugar, salvaguardar tanto el derecho al tránsito como el derecho a la permanencia. El financiamiento climático para ayudar a las comunidades en riesgo a aumentar su capacidad de recuperación y limitar las migraciones es fundamental, al igual que las mejoras a los sistemas de alerta de desastres y de asistencia, pero también debemos financiar el movimiento seguro de personas cuando es necesario. La mayoría de los desplazamientos tienen lugar dentro de los países, no a través de las fronteras, por lo que debemos garantizar que los países más pobres cuenten con los recursos necesarios para gestionar los reasentamientos, tanto de corto como de largo plazo.

En segundo lugar, cuando los desplazamientos vinculados al cambio climático atraviesan las fronteras, debemos responder con pragmatismo y compasión en vez de paranoia y especulación. El dinero destinado a una infraestructura militar y de vigilancia distópica debiera dedicarse a apoyar rutas y procedimientos seguros y legales para quienes se ven obligados a migrar. El impulso político dominante en la actualidad es el de tratar de dividir a la gente según las circunstancias en que nacieron, pero con más recursos y una visión política diferente podríamos garantizar que tanto los recién llegados como las comunidades anfitrionas se beneficien con la migración.

En tercer lugar, debemos mejorar nuestra comprensión de los desplazamientos vinculados con el clima. Quienes escapan directamente de tormentas, incendios e inundaciones obviamente necesitan apoyo mediante políticas, pero el cambio climático también es un factor cada vez mayor en la escasez de recursos, la pérdida de ingresos, la inestabilidad política y los conflictos violentos. Debemos resistir los esfuerzos que buscan limitar la definición de quiénes son las personas que se desplazan por motivos climáticos. No podemos esperar a que ocurran los desastres para empezar a actuar. Ya debiéramos estar considerando proceso para lograr una inmigración digna planificada, que permita mudarse a quienes viven en sitios vulnerables, antes de que tengan lugar los peores efectos.

A pesar de sus defectos, el informe del GIECC reconoce que la migración humana es una parte importante de la solución a la crisis más amplia del cambio climático. Las comunidades desplazadas, indígenas y vulnerables —tanto en el Norte como en el Sur Globales— ya sufrieron cambios en sus vidas para peor debido a la contaminación, la extracción de combustibles fósiles y el cambio climático. Pueden enseñarnos mucho sobre la conservación de la vida en un mundo que sufre el calentamiento si aprovechamos la oportunidad de unir a la gente para fomentar la resolución transfronteriza de problemas y combatir el nacionalismo mezquino que frustró la respuesta mundial a la pandemia.

Ya existen soluciones para los desplazamientos, al igual que las bases legales y morales para establecer acuerdos prácticos entre los gobiernos. Lo que necesitamos es la acción internacional para brindar sistemas que puedan garantizar un futuro seguro y digno para todos. Al frente de ese esfuerzo debe haber un movimiento climático que haya aprendido a proteger al máximo la vida humana.

Traducción al español por Ant-Translation

https://prosyn.org/HWmK8g7es