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Renovando el orden mundial

VARSOVIA – La violencia instigada por Rusia ha regresado a Ucrania. El Estado Islámico sigue con sus conquistas territoriales bañadas de sangre. A medida que los conflictos y las crisis se intensifican en todo el mundo, desde África hasta Asia, cada vez se vuelve profundamente claro que ya no existe un garante del orden -ni un derecho internacional ni tampoco un poder hegemónico global- que los países (y los potenciales constructores de estados) consideren legítimo y creíble.

Desarrollar una estrategia para restablecer el orden exige entender los causantes complejos de las fisuras de hoy. Y el mejor lugar para empezar es el destino de los cuatro imperios principales.

Esa historia comienza en 1923 con la caída del Imperio Otomano que, durante su apogeo en el siglo XVI y XVII, controlaba gran parte el sudeste de Europa, Asia occidental y el norte de África. Casi siete décadas después se produjo la disolución de la Unión Soviética, seguida del renacimiento de un imperio chino que apunta a traducir su éxito económico en influencia geopolítica.

Finalmente, y más importante, está la influencia en declive de Estados Unidos -al que Raymond Aron llamó "la república imperial"-. Después de todo, Estados Unidos fue quien organizó y respaldó las instituciones multilaterales post-1945 -el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros- para sustentar la estabilidad global. La imposibilidad de ese sistema de adaptarse a las realidades geopolíticas y económicas cambiantes ha planteado cuestiones serias respecto de su legitimidad.