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La Justicia Internacional Apoya a la Justicia Doméstica

En los últimos años el emergente sistema judicial internacional ha empezado a debilitar el antiguo "cálculo" de tiranos y ejecutores de la tortura, quienes podían cometer sus crímenes impunemente sometiendo a palos al sistema judicial de sus naciones. Se han creado tribunales de guerra internacionales para Rwanda y para la ex-Yugoslavia, las cortes nacionales han procesado a los déspotas de otros países y una Corte Criminal Internacional será establecida pronto.

Aún así, la justicia internacional ha sido tachada de elitista y poco democrática. Los críticos se quejan de que la justicia cultivada en casa está siendo reemplazada por tribunales internacionales que son distantes y poco confiables. Argumentando que hay un nuevo imperialismo legal, preguntan por qué los fiscales extranjeros han de tomar decisiones judiciales críticas relacionadas con países con los que no tienen ningún lazo personal.

Las experiencias recientes, sin embargo, sugieren que más que suplantar la aplicación doméstica de la ley, la justicia internacional está empezando a impulsar los juicios internos, reforzando más que reemplazando las iniciativas locales.

El caso más evidente es el del ex-dictador chileno Augusto Pinochet, quien salió de Chile en octubre de 1998 con rumbo a Inglaterra totalmente confiado de que podría disfrutar de la impunidad hasta el día de su muerte. Esta confianza se basaba en dos regalos legales que se otorgó él mismo: una amnistía para sus crímenes e inmunidad como senador vitalicio. Pero una vez que Pinochet fue arrestado en Londres por cargos asentados por un juez español, el edificio de impunidad que tan cuidadosamente había construido empezó a desmoronarse.