Drought in Somalia Anadolu Agency/Getty Images

Los actores humanitarios africanos necesitan más herramientas

NAIROBI – Una feroz sequía se abate sobre Somalia, provocando sufrimientos de una escala casi indescriptible. Es difícil hallar palabras para transmitir la devastación y la miseria que asuelan el país, en medio de un prolongado período de escasez de lluvia récord. He visto rebaños de ganado macilento derrumbarse sin vida en el polvo, y he estado presente mientras la gente veía el futuro evaporarse ante sus ojos.

Pero aunque las palabras no puedan hacer justicia a la magnitud de la crisis, sí pueden guiar la respuesta del mundo. Y a tal respecto, debo hablar claro: a menos que la comunidad internacional cambie su metodología para la provisión de ayuda en África, el ciclo de sufrimiento no se detendrá.

La catástrofe que se desarrolla en Somalia no es única. Millones de africanos en más de una decena de países se enfrentan a dificultades similares, conforme la pérdida de cosechas y la persistencia de conflictos provocan una seria inseguridad alimentaria. Según algunos cálculos, los agricultores del este de África perdieron hasta el 60% de su ganado (principal fuente de ingresos) en la primera mitad de 2017. Ante una adversidad tan aplastante siento rabia, más que tristeza.

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