A student from the Olympic Primary School in Kenya PATRICK MEINHARDT/AFP/Getty Images

El imperativo de mantener el impulso hacia la educación universal

LONDRES – En la superficie, el analfabetismo masivo parece un mal fácil de erradicar. Para lograrlo no se necesitan avances tecnológicos ni descubrimientos científicos. Con financiación para buenos profesores y escuelas podemos educar a todos los niños. Solo es necesaria voluntad política.

Y, sin embargo, la educación universal ha sido un objetivo elusivo, a pesar de ser uno que todo el planeta comparte. En la actualidad, 750 millones de adultos –dos tercios de ellos mujeres- son analfabetos y 260 millones de niños no van a la escuela.

La educación es un derecho básico codificado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. Se consagró más aún en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos de 1990 en la cumbre de Jomtien, Tailandia, y luego en el Foro de Educación Mundial de 2000 en Dakar, Senegal. Alcanzar la educación primaria universal fue una de las Metas de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para 2015 y la educación universal se ha incluido en las Metas de Desarrollo Sostenibles para 2030.

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