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SANTIAGO – Actualmente, si tomamos un taxi en Sao Paulo, experimentaremos el tráfico enloquecedor y las calles sucias de una metrópolis de un país emergente. Pero a la hora de pagar, puede parecer que estamos en Boston, Luxemburgo o Zurich: el valor del real brasileño, al igual que el de las monedas de muchos países emergentes es alto –y podría aumentar más.

Un alto funcionario de los Estados Unidos solía decir que las monedas fuertes dan lugar a países fuertes. Muchos exportadores de los países emergentes, que tienen dificultades para conservar a sus clientes en los tambaleantes mercados de los Estados Unidos y Europa, opinan lo contrario.

Durante décadas, los países en desarrollo soñaron con un nirvana de precios muy elevados de las materias primas y tasas internacionales de interés muy bajas. Pero tal vez los ministros de finanzas de Lima, Bogotá, Pretoria o Yakarta debieron haber reflexionado con más cuidado sobre sus deseos. ¿El problema? Una invasión de flujos de capital de corto plazo que huyen de los países avanzados y su lento crecimiento y sus bajas tasas de interés.

En la reunión del Banco Interamericano de Desarrollo que se celebró el mes pasado en Calgary, se informó que en 2010, 266 mil millones de dólares entraron a las siete economías más grandes de América Latina, en comparación con el promedio de 50 mil millones de dólares anuales