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Hay que detener el aumento persistente de precios y salarios en Estados Unidos

CAMBRIDGE – Los últimos datos sobre aumento de precios y salarios indican que la tasa de inflación subyacente de la economía estadounidense es al menos 4%, con más probabilidad de estar subiendo que bajando. Aunque en los últimos meses la Reserva Federal ya tomó medidas decididas para contenerla, lamentablemente tendrá que seguir con el plan de incremento acelerado de los tipos de interés hasta que haya pruebas claras de una desaceleración drástica de la inflación subyacente. Es muy difícil en momentos en que la economía ya está en desaceleración, pero la alternativa (postergar medidas y dejar que la inflación se afiance) sería mucho peor.

En lo que va del año, el índice de precios para gastos de consumo personal aumentó a un ritmo anual del 7,7%, muy por encima de la meta del 2% de la Fed. Parte del aumento obedece a acontecimientos externos, en particular la invasión rusa de Ucrania, que provocó un encarecimiento de la gasolina y de los alimentos. Y ahora que la gasolina ha comenzado a bajar desde el máximo alcanzado, es de prever un marcado descenso del nivel general de inflación. Pero incluso excluyendo esos precios volátiles, la «inflación básica» sigue en un nivel anualizado del 4,8% y viene en aumento. Además, otros indicadores que eliminan componentes volátiles del índice de precios (por ejemplo la media recortada, la mediana, la inflación de servicios y la inflación sensible al ciclo) también han aumentado (y en algunos casos, más que la inflación básica).

Cuesta encontrar excusas para esta inflación, menos aún excusas que habiliten a creer que se irá sola pronto. Es verdad que la guerra de Rusia en Ucrania aumentó el precio del petróleo y de los alimentos, pero el traslado directo de esos aumentos a la inflación básica es pequeño, y se contrarresta en parte por cambios conductuales, en la medida en que los consumidores reducen el consumo de esos productos en respuesta al encarecimiento. Además, hoy la COVID‑19 tiene la menor incidencia económica desde febrero de 2020, y si afectó de algún modo a la inflación durante su incremento, lo más probable es que fuera en el sentido de frenarla antes que acelerarla. Muchos comentaristas culparon a los problemas en las cadenas de suministro por un aumento de la inflación de bienes; pero este indicador en realidad se redujo y lo ha sustituido una inflación de servicios que es mucho más inercial. En cuanto a las políticas de apoyo fiscal de tiempos de la pandemia, se suponía que su abandono gradual iba a reducir la inflación, pero ese proceso terminó hace prácticamente más de un año.

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