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¿Inflación o deflación?

CAMBRIDGE – Los inversores con los que hablo en estos días no saben si preocuparse más por la inflación futura en los Estados Unidos o por la deflación futura. La buena noticia es la de que la respuesta –al menos durantes los próximos años– es la de que los inversores no deben preocuparse por “ninguna de las dos”.

La alta tasa de desempleo de los Estados Unidos y las bajas tasas de utilización de la capacidad entrañan poca presión en los salarios y los precios de ese país y la reciente apreciación del dólar respecto del euro y la libra esterlina contribuye a la reducción de los costos de las importaciones.

Quienes insisten en el riesgo de inflación señalan con frecuencia al enorme déficit presupuestario de los Estados Unidos. Según la proyección de la Oficina Presupuestaria del Congreso, el déficit fiscal del país ascenderá al cinco por ciento del PIB, por término medio, durante el resto de este decenio, lo que aumentará la deuda gubernamental al 90 por ciento del PIB, frente a menos del 60 por ciento del PIB en 2009. Aunque esos dos grandes déficits serán un problema importante para la economía de los EE.UU., si no se hace nada para reducirlos, no tienen por qué ser inflacionarios.

Los déficits presupuestarios sostenidos desplazan la inversión privada, hacen subir los tipos de interés reales a largo plazo y aumentan la carga que recae sobre los contribuyentes futuros, pero no causan inflación, excepto si propician un exceso de demanda de bienes y mano de obra. La última vez en que los EE.UU. afrontaron grandes déficits presupuestarios, a comienzos del decenio de 1980, la inflación se redujo en gran medida a causa de una política monetaria rigurosa. Ahora Europa y el Japón tienen grandes déficits fiscales y escasa inflación.