Desigualdad y descontento

En los dos últimos decenios, el mundo en conjunto se ha hecho más rico, pero, mientras que algunas economías nacionales han avanzado enormemente, otras han quedado muy rezagadas. El aumento de la riqueza total no ha propiciado la abolición –ni la reducción siquiera— de la pobreza.

Lo mismo se puede decir en gran medida de lo sucedido dentro de los países. En casi todas partes, la mundialización ha producido a un tiempo una nueva clase de multimillonarios y una clase marginada compuesta de personas que no sólo son pobres en el sentido estadístico de ganar menos de la mitad de la media nacional, sino que, además, están excluidos de las oportunidades que en teoría están al alcance de todos. El dinamismo de la mundialización ha beneficiado a muchos, pero también ha aumentado la desigualdad.

¿Es eso necesariamente malo? Muchos piensan que sí. En realidad, países enteros tienen una predisposición igualitaria intrínseca. Les desagradan los dirigentes empresariales que se llevan a casa sumas enormes incluso cuando fracasan y detestan ver entre ellos a pobres y excluidos.

To continue reading, please log in or enter your email address.

To continue reading, please log in or register now. After entering your email, you'll have access to two free articles every month. For unlimited access to Project Syndicate, subscribe now.

required

By proceeding, you are agreeing to our Terms and Conditions.

Log in

http://prosyn.org/SpRw2bo/es;

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.