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La política industrial regresa de la tumba

PALO ALTO – Una de las peores respuestas de las autoridades a la crisis financiera y la profunda recesión  ha sido revivir la "política industrial". Una vez más, los gobiernos están usando subsidios, mandatos, regulación e inversión de capital para elegir a los ganadores y perdedores industriales, en lugar de apelar a una estrategia amplia y equitativa.

La nueva ronda de política industrial está teniendo lugar en economías avanzadas como Estados Unidos y el Reino Unido, que resistieron durante mucho tiempo sus peores excesos, en Francia, que por mucho tiempo promocionó a las empresas nacionales, y en economías emergentes como Brasil y China. Por ejemplo, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, planea pedir prestados 52.000 millones de euros para promover lo que su gobierno supone que serán, o espera que sean, "industrias de crecimiento". Incluso los bancos centrales, especialmente la Reserva Federal de Estados Unidos, han estado respaldando a determinadas empresas y tipos de activos por la crisis financiera.

La política industrial les está resultando atractiva a los políticos que pueden favorecer a sectores clave al mismo tiempo que dicen estar ayudando a la economía en su totalidad. Pero normalmente esto causa más daños que beneficios.

Quizás el área más polémica de la política industrial es el papel de los gobiernos en materia de investigación y desarrollo. Mientras los gobiernos tienen un interés obvio en I&D en relación a cuestiones militares, los mercados funcionan bien cuando los dueños privados reciben las ganancias y asumen los riesgos. En el caso de la investigación científica básica, todos y cada uno podrán acceder a las potenciales ganancias, hayan pagado o no por ella y asumido el riesgo del fracaso. Como los inversores privados no pueden apropiarse de las ganancias, los mercados privados invierten demasiado poco en ciencia básica.