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Unidad del Océano Índico

NUEVA DELHI – ¿Qué asociación internacional reúne a 18 países a lo largo de tres continentes, a miles de kilómetros de distancia unos de otros y unidos exclusivamente por una masa de agua en común?

Este es un acertijo que probablemente deje perplejo al más devoto aficionado de la política global. Se trata de la Asociación para la Cooperación Regional de los Países de la Cuenca del Océano Índico, bendecida con el dificultoso acrónimo IOR-ARC (por su sigla en inglés), quizá la agrupación internacional más extraordinaria de la que alguna vez hayamos oído hablar.

La Asociación logra unir a Australia e Irán, Singapur y la India, Madagascar y los Emiratos Árabes Unidos, y una docena de otros estados grandes y pequeños -improbables socios reunidos por el hecho de que el Océano Índico baña sus costas-. Acabo de regresar (en mi rol de nuevo ministro de Estado para Asuntos Externos de la India) de asistir a la reunión ministerial de la Asociación en Sana'a, Yemen. A pesar de estar acostumbrado a que se me pongan los ojos vidriosos ante la sopa de letras de organizaciones internacionales con las que me topé durante una carrera de tres décadas en las Naciones Unidas, me descubro emocionado frente al potencial de la IOR-ARC.

Las asociaciones regionales se han creado en base a una variedad de premisas: geográficas, como en el caso de la Unión Africana; geopolíticas, como sucede con la Organización de Estados Americanos; económicas y comerciales, como es el caso de la ASEAN (por su sigla en inglés) o el Mercosur; y motivadas por la seguridad, como la OTAN. Existen también otras asociaciones multicontinentales, como IBSA, que reúnen a la India, Brasil y Sudáfrica, o al más conocido G-8.