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La Pseudodemocracia de la India

Hace poco, el Primer Ministro de la India, Atal Behari Vajpayee, dijo que a pesar de su saludable aspecto exterior, la democracia del país se ha vuelto hueca, con elecciones reducidas a una farsa y un "sistema de partidos erosionado por prácticas poco éticas". Según Vajpayee, "La capa exterior de la democracia está intacta, sin duda, pero por dentro, parece estar apolillada".

En efecto, en el prefacio de una colección reciente de discursos suyos, Vajpayee se preguntaba si la democracia verdaderamente había prendido en la India. "¿Cómo pueden las instituciones democráticas funcionar de manera adecuada cuando la política es cada vez más corrupta?"

Esto es sorprendente, ya que la democracia parlamentaria ha sido motivo de orgullo para la mayoría de los indios desde hace mucho tiempo. El país tal vez no se pueda comparar con sus vecinos asiáticos en cuanto a prosperidad, pero los indios siempre han podido vanagloriarse de la vitalidad de su sistema parlamentario. Actualmente, esos alardes se escuchan con mucho menos frecuencia.

No sólo los fracasos económicos de la India resultan más obvios al compararlos con las renovadas aplanadoras económicas de Asia; también las fallas de su sistema político. Una política sin principios, cultos de violencia, ira comunitaria y asesinatos macabros de minorías religiosas se han combinado para socavar la fe del pueblo en la viabilidad del sistema político. No es sorprendente, entonces, que la gente se empiece a preguntar si la India necesita un sistema de gobierno distinto.