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El parlamento rehén de la India

NUEVA DELHI – La interrupción en curso de la "sesión monzónica" del parlamento indio ha puesto en el candelero tanto la resiliencia de la democracia de la India como la irresponsabilidad con la cual la tratan quienes la custodian.

Con su reclamo de renuncia del primer ministro Manmohan Singh por la asignación supuestamente inapropiada de bloques de minería de carbón a compañías privadas, el opositor Partido Bharatiya Janata (BJP) ha interrumpido el trabajo del parlamento durante tres de las cuatro semanas de la sesión. La repetida parálisis del parlamento causada por los miembros del BJP al canto de eslóganes -violando todos los cánones de corrección legislativa y obligando al desventurado presidente a aplazar la reunión de cada día- hizo que la actividad legislativa se detuviera por completo.

El código de conducta que se imparte a todos los miembros del parlamento recientemente electos -que incluye órdenes que prohíben hablar fuera de turno, gritar eslóganes, agitar pancartas y bajar al foso de la cámara de representantes- ha sido completamente ignorado. De la misma manera, sorprende la impunidad con la cual los legisladores desobedecen las reglas. Los sucesivos presidentes han manifestado su impotencia frente a este obstruccionismo resuelto del principal partido de la oposición.

El sistema parlamentario de la India está arraigado en su historia colonial británica. Al igual que los revolucionarios norteamericanos de hace dos siglos, los nacionalistas indios lucharon por "los derechos de los ingleses". Pensaban que la réplica del Parlamento los epitomizaría y garantizaría. El ex primer ministro Clement Attlee, miembro de una comisión constitucional británica, recordó que cuando les sugirió a los líderes indios el modelo del sistema presidencial de Estados Unidos, "lo rechazaron con gran énfasis. Tuve la sensación de que creían que les estaba ofreciendo margarina en lugar de manteca".