Tak Mahal Anna Tatti/Getty Images

El asedio al Taj Mahal

NUEVA DELHI – En un país cuya política se ha vuelto tóxica y casi todo (desde los fuegos de artificio de los festivales al manejo de los animales) adquirió un tinte religioso “comunal”, tal vez no sea sorprendente que hasta uno de los monumentos más famosos del mundo se haya vuelto blanco de ataque. Pero no por eso deja de ser un hecho trágico y destructivo.

El Taj Mahal es la máxima maravilla arquitectónica de la India. Construido hace casi cuatro siglos por el emperador mogol Shah Jahan como mausoleo para su amada esposa, el monumento de mármol fue celebrado por Rabindranath Tagore (único escritor indio ganador del Premio Nobel) como “una lágrima en la mejilla del tiempo”.

Pero esta vez las lágrimas son por el Taj mismo. Su radiante superficie blanca ya amarillea por la contaminación del aire procedente de fábricas e industrias informales cercanas. Necesita reparaciones con tanta frecuencia que sus famosos minaretes suelen estar ocultos detrás de andamios. La ciudad de Agra, en el estado de Uttar Pradesh, donde se encuentra el Taj, está sobrepoblada y sucia.

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