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La India, Irán y los argumentos a favor de un doble criterio

Casi perdida en medio de las controversias sobre Iraq e Irán está una importante iniciativa que involucra a un tercer país que empieza con "I": la India. En algún momento de este año, el Congreso de Estados Unidos probablemente votará la "Iniciativa de Cooperación Nuclear Civil Indio-Estadounidense" firmada durante la visita del Presidente Bush a Nueva Delhi en marzo.

El acuerdo fija las bases para las exportaciones estadounidenses de tecnología y materiales nucleares que se van a utilizar en el programa nuclear civil de la India. A cambio, la India ha prometido abrir 14 de sus 22 reactores de energía nuclear actuales y en proyecto, así como todos los reactores civiles futuros, a la inspección internacional.

El acuerdo es importante por al menos dos razones. Primero, simboliza la llegada de una nueva relación geopolítica entre las dos democracias más grandes del mundo, que frecuentemente estuvieron en lados opuestos durante la Guerra Fría. Este paso puede ser de importancia histórica si no sólo lleva a una profundización de los lazos técnicos y económicos indio-estadounidenses, sino que también fortalece su habilidad para lidiar con los retos regionales y globales, que van desde la proliferación de armas nucleares hasta el cambio climático.

Pero el acuerdo propuesto entre la India y Estados Unidos atrae la atención por una segunda razón mucho más polémica: la preocupación de que podría debilitar, más que afianzar, los esfuerzos para resistir la proliferación mundial de armas nucleares a mayor escala. Los críticos culpan al acuerdo de debilitar el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT por sus siglas en inglés) al permitir que la India lo tenga todo: armas nucleares y acceso al combustible nuclear y la tecnología. Alegan que el acuerdo crea un doble criterio, según el cual sólo algunos países pueden tener armas nucleares.