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Los beneficios públicos de la educación privada

LAGOS – Las economías africanas, por fin, empiezan a rugir. En el periodo 2000-2010, después de décadas de crecimiento lento, seis de las economías del mundo con crecimiento más rápido se encontraban en el África subsahariana. Hasta el año 2060 la población de África podría llegar a 2,7 mil millones de personas, con una fuerte clase media de mil millones de personas.

Este no es un mero escenario color de rosa. Más del 70% de la población del África subsahariana tiene menos de 30 años – una creciente población joven que podría impulsar un rápido desarrollo económico, tal como ocurrió en Asia en las últimas tres décadas. Además, las economías de África ya han comenzado a diversificarse, poniendo menos énfasis en los recursos naturales en comparación con los prósperos sectores del turismo, agricultura, telecomunicaciones, banca y comercio minorista.

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Con el fin de mantener el crecimiento y continuar atrayendo inversión extranjera directa – la cual se sextuplicó en la última década – África debe desarrollar una fuerza de trabajo altamente capacitada y muy bien instruida. Sin embargo, la falta de educación e instrucción se constituyen en el talón de Aquiles del continente. De hecho, los líderes empresariales africanos indican a menudo que encontrar personas con las habilidades adecuadas es un importante desafío para sus operaciones, especialmente en las industrias de alta tecnología.

Esto no es sorprendente, si se tienen en cuenta la deficiente oferta educativa en África. Los niveles de analfabetismo superan el 40% en varios países. La Comisión Nacional de Planificación de Sudáfrica estima que el 80% de las escuelas públicas del país presentan rendimientos menores a los esperados (80% of the country’s public schools are underperforming). Y, en Kenia, Uganda y Tanzania, los estudiantes de las escuelas públicas carecen de las habilidades fundamentales que se espera encontrar para la edad y el grado escolar que cursan.

Las razones que explican el rendimiento deficiente son profundas y complejas. La financiación inadecuada se traduce en clases con muchos alumnos, libros y suministros de enseñanza insuficientes, escuelas construidas de manera deficiente e infraestructura envejecida. Los bajos salarios de los maestros no son un incentivo que atraiga hacia la profesión a las mejores y más brillantes personas.

Si bien los líderes en el África están muy conscientes de estas limitaciones, carecen de los recursos para confrontarlas solos – especialmente si se tiene en cuenta la demanda de la creciente población joven. Para llegar a la siguiente etapa de desarrollo, el sector privado tendrá que llenar el vacío dejado por el Estado y las organizaciones no gubernamentales.

En muchos países en desarrollo, a medida que la clase media crece, más familias buscan educación privada para sus hijos que esté al alcance de sus posibilidades económicas. El Informe Anual sobre el Estado de la Educación del año 2011 de la India reveló que en el período 2005-2008 la matriculación en las escuelas privadas aumentó en un 38% (increased by 38%). De la misma forma, la matriculación en escuelas privadas – en gran parte en instituciones que ofrecen costos bajos – supera el 40% en Ghana, Kenia, Nigeria, Senegal y Uganda.

En las economías emergentes, el sector privado tiene algunas ventajas evidentes con respecto a las organizaciones no gubernamentales y al Estado, mismas que se extienden al ámbito escolar. El sector privado puede realizar y ampliar grandes inversiones en nuevos mercados – incluyendo inversiones dirigidas a la educación –sin retrasos burocráticos, que se desarrollan sobre la base de modelos probados y experiencia internacional.

Además, el sector privado puede impulsar el rendimiento escolar a un costo más bajo en comparación con el sector público. Un estudio del Banco Mundial (World Bank study) sobre lenguaje y matemáticas demostró que por el mismo costo por alumno las escuelas privadas en los cinco países participantes (Colombia, República Dominicana, Filipinas, Tanzania y Tailandia) alcanzaron un mejor desempeño en términos de rendimiento de los estudiantes, rendimiento que alcanzó un nivel entre 1,2 a 6,7 veces superior al de las escuelas públicas .

El sector privado por lo tanto aporta innovación a las aulas. Por ejemplo, algunos proveedores están desarrollando modelos de enseñanza en el cual los estudiantes pueden ver videos en línea creados por los maestros fuera de horas de clase, de modo que el precioso tiempo presencial entre maestro-alumno puede centrarse en interacción, en lugar de se lo utilice para impartir lecciones.

Del mismo modo, en la actualidad los maestros calificados pueden impartir lecciones interactivas vía Internet a varias aulas al mismo tiempo, incluso en caso de que dichas aulas se encuentren a cientos de kilómetros de distancia. Como resultado, los estudiantes en lugares donde aún no se han construido escuelas, como también en lugares donde hay muy pocos maestros calificados pueden acceder a instrucción. Después de todo, una lección impartida por un buen maestro es preferible – incluso si se la imparte a través de Internet – a tiempo presencial con un adulto que no ha recibido instrucción.

Los responsables de formular políticas a nivel internacional deben reconocer el potencial que tiene el sector privado para desempeñar un papel crucial en la oferta educativa, tal como ocurre en la provisión de cuidados de salud y medicamentos. La educación impartida por el sector privado – que se encuentra sujeta a las decisiones de compra de los padres, quienes examinarán de cerca su inversión – es la mejor garantía de calidad a largo plazo.

Esta ha sido una propuesta altamente controvertida en el Occidente, donde los debates acerca de la educación son altamente politizados y frecuentemente recaen dentro de límites ideológicos familiares. Pero existe un consenso ampliamente aceptado que señala que África necesitará un aumento masivo en cuanto a su capacidad educacional en las próximas décadas. Y, tal como la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco mundial puntualizó en el año 2010 (World Bank’s International Finance Corporation (IFC) noted): “La demanda de servicios de educación (en África) está aumentando a un ritmo más rápido en comparación a la capacidad que tienen los gobiernos para proveerlos”

En otras palabras, satisfacer la necesidad de capacidad educativa en África, especialmente la capacidad de educación superior, durante las próximas décadas requerirá de proveedores privados. No obstante, algunas familias no podrán pagar para que sus hijos reciban educación privada, sin importar cuán bajos sean los costos. Así que el sector privado debe compartir sus capacidades con las escuelas públicas, y, en lo posible, ofrecer plazas gratuitas para los estudiantes más pobres.

Además, los proveedores de educación Privada deben ser acreditados, regulados, y supervisados de cerca. De la misma forma que algunas empresas privadas se desempeñan mejor que otras, algunas escuelas pueden sobresalir. No obstante, todas deben adherirse a las normas de desempeño establecidas.

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Durante décadas la educación en África ha estado bajo el dominio de los gobiernos y las organizaciones benéficas de caridad, y no ha tenido acceso a las capacidades y a la inversión que las empresas privadas pueden proveer. Ahora África ha llegado al punto en el que si no se logra un aumento drástico en la educación privada, su transformación económica podría estancarse.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.