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Verdades inconvenientes para Al Gore

Pronto los cines de todo el mundo pasarán la película del ex vicepresidente de EE.UU., Al Gore, sobre el calentamiento global. "Una verdad inconveniente" ha recibido entusiastas reseñas en América y Europa, y lo más probable es que una gran cantidad de personas vaya a verla. Sin embargo, si bien está llena de emociones e imágenes provocadoras, escasean en ella los argumentos racionales.

Plantea tres ideas básicas: el calentamiento global es real, será catastrófico y enfrentarlo debería ser nuestra gran prioridad. Sin embargo, y aunque sea poco conveniente para sus productores, sólo la primera afirmación es verdadera.

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Si bien es bueno ver a Gore llamando la atención sobre un tema cuya existencia niega mucha gente influyente de su país, varios de sus planteamientos apocalípticos pueden prestarse a confusión. Pero su mayor error radica en sugerir que la humanidad tiene el imperativo moral de tomar medidas contra el cambio climático porque nos damos cuenta de que es un problema, lo cual parece ingenuo y hasta poco sincero.

Conocemos muchos retos globales de grandes dimensiones que podríamos solucionar fácilmente. Las enfermedades prevenibles como el VIH, la diarrea y la malaria se cobran 15 millones de vidas cada año. La desnutrición afecta a más de la mitad de la población mundial. Ochocientos millones de personas carecen de educación básica. Mil millones no tienen acceso a agua potable.

Frente a estos desafíos, ¿por qué debería ser nuestra primera prioridad el detener el cambio climático? El intento de respuesta de Gore no resiste un examen detenido.

Muestra que los glaciares han estado retrocediendo a lo largo de 50 años, pero no dice que lo han estado haciendo desde las guerras napoleónicas, a principios del siglo XIX, mucho antes de que comenzaran las emisiones industriales de CO2. De manera similar, hace ver a la Antártica como el canario en la mina de carbón, pero no cuenta la historia completa. Muestra imágenes del 2% del continente helado que se está recalentando notablemente, al tiempo que pasa por alto el 98% que se ha ido enfriando en los últimos 35 años. El panel climático de la ONU estima que la masa de nieve de la Antártica en realidad aumentará durante este siglo. Y, mientras Gore apunta al retroceso de la capa de hielo marino en el Hemisferio Norte, no menciona que ha aumentado en el Hemisferio Sur.

La película muestra terribles imágenes de las consecuencias del crecimiento de siete metros (20 pies) del nivel del mar, inundando grandes áreas de Florida, San Francisco, Nueva York, Holanda, Calcuta, Beijing y Shanghai. ¿Los niveles realistas no eran lo suficientemente dramáticos? El panel de las Naciones Unidas sobre cambio climático sugiere un crecimiento de sólo 0,3 a 0,6 metros (1 a 2 pies) durante este siglo, en comparación con casi 0,3 metros en el siglo pasado.

De manera similar, las mortíferas olas de calor del año 2003 en Europa hicieron concluir a Gore que el cambio climático es sinónimo de una mayor cantidad de víctimas en el futuro. Sin embargo, el calentamiento global significaría menos muertes a causa de las bajas temperaturas, cuyo número en la mayor parte del mundo desarrollado supera con mucho las causadas por el calor. Sólo en el Reino Unido, se estima que el aumento en las temperaturas causaría 2.000 muertes adicionales para el 2050, pero 20.000 menos muertes por enfriamiento.

Las pérdidas financieras relacionadas con acontecimientos climáticos han aumentado notablemente en los últimos 45 años, lo que Gore atribuye al calentamiento global. Sin embargo, prácticamente todas ellas son de personas que hoy tienen más posesiones y que viven cerca de la línea de peligro. Si todos los huracanes hubieran afectado a EE.UU. con la distribución demográfica actual, el más dañino no habría sido Katrina, sino un huracán ocurrido en 1926. Si se consideran los cambios en la cantidad de habitantes y el aumento de sus posesiones, las pérdidas por inundaciones en realidad han disminuido ligeramente.

La película invita a los espectadores a concluir que el calentamiento global causó el Huracán Katrina, y Gore aduce que las aguas cálidas del Caribe hicieron más intensa la tormenta. Sin embargo, cuando Katrina tocó tierra no se trató de un catastrófico huracán Categoría 5, sino de uno de Categoría 3, menos intenso. De hecho, no existe consenso científico de que el calentamiento global haga más destructivos los huracanes, como plantea. El autor en que el mismo Gore se basa dice que sería "absurdo atribuir el desastre del Katrina al calentamiento global".

Tras presentar los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático, Gore revela su solución: el mundo debería adoptar el Protocolo de Kyoto, que busca reducir las emisiones de carbono en los países desarrollado en un 30% para el año 2010.

Pero incluso si cada país firmara el Protocolo, simplemente retrasaría el calentamiento en seis años para el año 2100, con un coste anual de $150 millones. Kyoto no habría salvado a Nueva Orleans del Huracán Katrina. Sí lo habrían hecho unos diques mejor mantenidos. Mientas Gore hacía campaña por Kyoto en los años 90, un mejor uso de los recursos habría sido apuntalar las defensas contra los huracanes.

De hecho, el verdadero problema es cómo usar los recursos de manera inteligente. El Protocolo de Kyoto no evitará que los países en desarrollo sean los más golpeados por el cambio climático, por la sencilla razón de que tienen climas más cálidos y menos recursos. Sin embargo, estas naciones tienen problemas acuciantes que podríamos solucionar con facilidad. Según estimaciones de la ONU, por $75 mil millones al año (la mitad del coste de implementar el Protocolo de Kyoto) podríamos dar agua potable, saneamiento, atención de salud básica y educación a cada ser humano que vive en la Tierra. ¿No debería ser ésa una prioridad mayor?

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Los últimos huracanes mataron a miles de personas en Haití, no en Florida, porque Haití es pobre y no puede permitirse siquiera medidas de prevención básicas. Combatir la enfermedad, el hambre y la contaminación del agua traería beneficios inmediatos a millones de personas y permitiría a los países más pobres aumentar su productividad y romper el ciclo de la pobreza, lo que haría que sus habitantes fueran menos vulnerables a las fluctuaciones climáticas.

En el punto cúlmine de su película, Gore argumenta que las generaciones futuras nos juzgarán por no habernos comprometido con el Protocolo de Kyoto. Lo más probable es que se pregunten por qué, en un mundo lleno de "verdades inconvenientes", Gore prefirió centrarse en aquella sobre la que puede lograr la menor cantidad de beneficios a un coste mayor.