Trabajo decente o política indecente

DAVOS – La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas compromete a los Estados miembros a “no dejar a nadie atrás”. Un componente fundamental de dicho compromiso – incluido en la propia agenda de la del Organización Internacional del Trabajo – es el trabajo decente para todos. En un momento histórico en el que la frustración y la desilusión de los trabajadores se están expresando en los procesos electorales en todo el mundo, este objetivo no podría revestir mayor importancia.

Hoy en día, la expectativa de que cada generación estará en una mejor posición que la anterior, tanto social como económicamente, ya no es algo que automáticamente se deba esperar que ocurra. Para muchos, la movilidad descendente se ha convertido en la nueva normalidad.

No es de extrañar, por lo tanto, que la frustración que se cocinaba a fuego lento durante mucho tiempo, debido a la forma en la que se ha manejado la globalización y el resentimiento que surge por la distribución injusta de sus beneficios, hubiesen energizado la reacción política que azota al mundo últimamente. Este desencanto surge, al menos en parte, por las experiencias que viven las personas con relación a sus trabajos, ya sea por la exclusión del mercado laboral, las malas condiciones laborales o los salarios bajos.

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