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Siguiendo los pasos de Gandhi, Mandela y Havel

LONDRES – El 10 de diciembre, Liu Xiaobo, el escritor chino encarcelado y activista de derechos humanos, será galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, por primera vez en la historia, ni el laureado ni ningún miembro de su familia directa estará presente en Oslo para aceptar el premio.

El gobierno de China ha impedido la participación de la esposa de Liu, la aclamada fotógrafa, Liu Xia, manteniéndola prácticamente bajo arresto domiciliario en Beijing. Ha intimidado a otros países para boicotear la ceremonia de premiación.

No sorprende que la Rusia de Vladimir Putin  fuera de las primeras en someterse al dictado de China. Lo que es más inquietante, durante un tiempo parecía que el comité noruego del Premio Nobel también se había doblegado ante Beijing. Pero al final decidió seguir adelante con la adjudicación del premio. Eso es lo apropiado: un premio al valor moral que no debe verse comprometido por aquéllos que lo ofrecen.

Cuando Liu supo que había sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz de este año lo primero que dijo fue: “Este premio se otorga a las víctimas de la masacre de la Plaza de Tiananmen.”