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En el vestíbulo de Hitler

Desde el momento en que uno entra a la exposición "El cielo sobre Poznan" de Jan Zakrzewski (que estará abierta del 28 de abril al 23 de mayo en la Kunstlerhaus Bethanien de Berlín) se siente intranquilo. La sala es pequeña y algo estrecha. Dos grandes espejos forman una especie de corredor. Alguna vez ese espacio se utilizó como vestíbulo, pero, dada su función histórica, tal vez deberíamos llamarlo "antecámara" -un lugar vigilado por un guardia o sirviente armado. Nunca se permitía el ingreso a quien no tuviera autorización.

Había un buen motivo, pues la escalofriante ansiedad que uno siente proviene de saber que el espacio donde la exposición de Zakrzewski se presentó por primera vez, en Poznan, era el vestíbulo que conducía a la habitación donde Adolf Hitler esperaba.

Esa habitación se diseñó como residencia, en caso de que el Fuhrer decidiera visitar Poznan, entonces parte del ex reino de Prusia, después de ser absorbida durante la segunda división de Polonia en 1793. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, en 1913, el Káiser Guillermo II construyó el castillo de Poznan. Al iniciar la Segunda Guerra Mundial, Albert Speer convirtió la capilla del castillo en una residencia para su amo. La oficina estaba lista para ser ocupada en 1943 justo antes de la batalla de Stalingrado -y justo después del levantamiento del Gueto de Varsovia. Hitler, sin embargo, nunca estuvo ahí. Cuando viajaba a Prusia prefería su cuartel general, "La cueva del Lobo", en el bosque.

La ciudad de Poznan se localiza a medio camino entre Varsovia y Berlín, y Zakrzewski la considera como frontera simbólica entre Oriente y Occidente, Alemania y Polonia. En ese vestíbulo uno se siente en tierra de nadie.