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En defensa de la Sharia

Esta semana, un tribunal islámico en Funtua, en el estado de Katsina, en el norte de Nigeria, rechazó el recurso de apelación de una mujer condenada por sostener relaciones sexuales extramaritales. Sus abogados con seguridad presentarán otro recurso de apelación ante un tribunal superior de la Sharia y, de ser necesario, ante la Suprema Corte de Nigeria, pero si la decisión del tribunal de Funtua se sostiene, Amin Lawal morirá por lapidación en el momento en que destete a su hija.

Las relaciones entre musulmanes y cristianos están tensas en todo el mundo, pero en ningún lugar están tan deterioradas como en Nigeria, el país con mayor población donde existe aproximadamente el mismo número de cristianos y musulmanes. El punto de inflamación de las tensiones es la Sharia, o ley religiosa islámica.

La propagación de la ley islámica en Nigeria (desde finales de 1999, 10 de los 36 estados del país han adoptado a la Sharia como su derecho público) ha provocado fuertes protestas en contra de la severidad de los castigos que contempla, incluyendo la amputación para los ladrones y la lapidación de las mujeres condenadas por adulterio.

Como abogado musulmán que ejerce en un tribunal de la Sharia en Kano, la segunda ciudad de Nigeria, la satanización de la ley islámica a cargo de cristianos y activistas pro derechos humanos en Europa y América del Norte me enfurece. Sistemáticamente se distorsiona y se malinterpreta a la Sharia. Sin embargo, como persona que estudió derecho estadounidense y que dio clases en una escuela de derecho de Estados Unidos, también me doy cuenta de las deficiencias en la aplicación de la Sharia, sobre todo en el tratamiento a las mujeres.