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La nueva frontera de los servicios de salud

PEKÍN – Los países en vías de desarrollo enfrentan un obstáculo aparentemente insalvable para la provisión de servicios de salud a sus poblaciones con rápido crecimiento –o, en algunos casos, con rápido envejecimiento. Especialmente cuando los sistemas de salud se ven cada vez más sobrecargados y se propagan las enfermedades infecciosas y de otros tipos. Como el acceso a la medicina en estas regiones es un desafío multifacético, resulta mejor abordarlo mediante una combinación de actores.

Son necesarias relaciones duraderas y de colaboración entre empresas farmacéuticas, gobiernos, organizaciones sin fines de lucro y líderes comunitarios para ayudar a las poblaciones desfavorecidas a superar sus desafíos de salud. Juntas, estas partes deben adoptar un enfoque binario, que se ocupe tanto de los factores del «hardware» (que se mantienen constantes, como la distancia física a los centros de tratamiento y las extensas cadenas de aprovisionamiento) como de los factores del «software» (los intangibles, que varían en gran medida en cada región, como el rol de la familia y las creencias culturales).

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Estos principios tienen especial relevancia en lugares como la provincia rural China de Sinkiang, donde la expectativa de vida se ha atascado en los 67 años (cuando en el país en su conjunto alcanza los 73,5 años) y la falta de acceso a la atención sanitaria mina el bienestar. Sinkiang cubre aproximadamente 650 000 millas cuadradas (1,7 millones de kilómetros cuadrados), pero solo aloja a 21 millones de personas, muchas de las cuales son miembros de tribus nómades. Desde un punto de vista económico, la resistencia de Sinkiang es fundamental para la estrategia china de crecimiento: se la considera el portal del país hacia el Oeste.

Pero la realidad indica que mantener el sustento y bienestar de la población en esta zona, y de quienes viven en otras partes rurales de China, es un desafío de gran magnitud. En toda la China rural, la diseminación de enfermedades infecciosas –en especial de la hepatitis B, que afecta a millones– refleja falta de educación sobre higiene. El ministerio de salud informó un aumento del 9,5 % en las muertes causadas por enfermedades infecciosas entre 2011 y 2012. Por otra parte, hay una grave falta de trabajadores en la atención de la salud –solo 1,3 cada 1000 habitantes rurales en China.

Los medicamentos gratuitos son solo parte de la solución. Tenemos que superar los esquemas de donaciones y precios reducidos para construir sistemas de atención sanitaria sostenibles con sólidos canales de distribución y programas educativos para el público y para los trabajadores de los servicios de salud. Sin esos componentes, el modelo colapsa.

A través de asociaciones público-privadas, podemos aprovechar fortalezas únicas y estar mejor equipados para ampliar el acceso a la atención sanitaria. Esto puede crear una relación simbiótica que ofrezca beneficios al gobierno, a las empresas y a la comunidad local.

Por ejemplo, el programa Jian Kang Kuai Che («Salud Express») de Novartis en Sinkiang es una asociación entre Novartis y el gobierno local, que busca ampliar el acceso a la medicina, aumentar la capacidad y educar al público. Salud Express logra esto mediante la capacitación de médicos locales para prevenir y tratar enfermedades infecciosas y educar a los estudiantes de las escuelas primarias y medias sobre la salud y la higiene gracias a un tráiler que visita una escuela tras otra.

Durante un reciente viaje a Sinkiang, me reuní con muchos médicos de hospitales rurales que habían recibido capacitación a través de Salud Express. Me contaron que en el pasado los enfermos de hepatitis debían viajar durante horas para lograr un diagnóstico y acceder a tratamientos en el hospital de una ciudad, y que muchos otros que no podían hacer el viaje sufrían sin tratamiento alguno. Ahora, con médicos capacitados en enfermedades infecciosas, es posible tratar la hepatitis en las zonas rurales de Sinkiang y los resultados para los pacientes han mejorado significativamente.

También me reuní con niños del internado escolar Urumqi Dengcaogou, ubicado en una zona rural fuera de la capital provincial. Los alumnos estaban orgullosos de poder llevar el nuevo conocimiento que habían adquirido sobre atención sanitaria a sus familias. Me contaron que habían pedido a sus padres que dejaran de fumar una vez que se enteraron de las consecuencias de ese hábito para la salud.

Estos niños forman parte de los más de 500 000 en Sinkiang que han participado en el componente educativo de Salud Express. Al tomar las escuelas como centros para la educación de la salud y convertir a los estudiantes en embajadores sanitarios para sus familias y amigos, podemos llegar a un número aún mayor de gente en las comunidades nómades de Sinkiang.

Sinkiang significa «nueva frontera» y en este momento estamos en el límite de una nueva frontera para la entrega de soluciones sostenibles de atención sanitaria a comunidades donde los limitados recursos e infraestructura restringen el acceso a los servicios de salud. Estas intervenciones multidimensionales y escalables ayudan a reducir las brechas en las regiones en desarrollo.

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Pero ni las corporaciones ni los gobiernos pueden solucionar esto solas. Deben trabajar juntos para lograr los mejores resultados posibles. También debemos abandonar la idea de los modelos de aplicación universal para ampliar el acceso a la atención sanitaria y adecuar nuestros enfoques para garantizar el mejor ajuste a las prioridades y costumbres locales de salud. Con educación y prevención, aumento de la capacidad y nuevos tipos de asociaciones, podemos continuar mejorando el acceso a la atención sanitaria en Sinkiang y otros lugares, y estimular el bienestar en todo el mundo en vías de desarrollo.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.