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Dinero sucio y desarrollo

COPENHAGUE – Hay un problema muy serio que afecta a los pobres de todo el mundo y del que se habla muy poco: los flujos financieros ilícitos. Estos flujos cuestan a la gente de países como Yibuti, Congo y Chad más de la quinta parte de sus ingresos cada año, pero casi nunca son noticia. Ahora que la comunidad internacional discute objetivos específicos para las iniciativas internacionales de desarrollo de los próximos quince años, es buen momento para empezar a hacer cambios.

Los nuevos objetivos de desarrollo global (así como los actuales Objetivos de Desarrollo del Milenio, centrados en la salud, el hambre y la educación) influirán en la asignación de ayudas por cifras astronómicas. Por eso es fundamental elegir bien las áreas a las que se apuntará, lo cual supone un desafío para la comunidad internacional, dada la gran cantidad de objetivos propuestos.

Para colaborar con este proceso, el Centro de Consenso de Copenhague preguntó a 62 equipos de economistas de primer nivel cómo se deberían asignar unos recursos limitados para lograr el mayor resultado de aquí a 2030. Algunas respuestas (por ejemplo, aumentar la seguridad alimentaria, ampliar las oportunidades educativas y mejorar la atención de la salud) eran previsibles.

Pero hubo una recomendación que nadie se esperaba: poner coto a los flujos financieros ilícitos. Al fin y al cabo, no parece a primera vista que planteen una amenaza al bienestar de la gente tan seria o apremiante como, por ejemplo, la falta de comida suficiente para sobrevivir, y mucha gente ni siquiera percibe que sean un problema.