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Entendiendo bien la globalización

OXFORD – La evidencia reciente sugiere que gran parte del mundo entró en un período de baja volatilidad del mercado financiero. Pero estos no son tiempos de autocomplacencia; es probable que tengamos más días turbulentos por delante.

En los últimos 25 años, la rápida globalización impulsada por la tecnología -y caracterizada por la integración física y virtual de la economía global, incluyendo la apertura de los mercados mundiales- ha contribuido al incremento más veloz en los ingresos y la población en la historia. Pero, si bien la globalización ha creado una oportunidad sin precedentes, también ha dado lugar a una nueva forma de riesgo sistémico que amenaza con devastar a las instituciones políticas y las economías nacionales.

El riesgo sistémico es intrínseco a la globalización. Una mayor apertura e integración necesariamente aumentan la posibilidad de que estallen crisis y se amplifiquen las sacudidas.

A medida que los individuos y las sociedades se vuelven más ricos, el contacto entre ellos se vuelve más estrecho -virtualmente, a través de las tecnologías de la comunicación, y físicamente, a través del crecimiento de la población, la urbanización y el turismo-. Mientras tanto, el creciente consumo de productos como alimentos, energía y medicamentos mejora las externalidades, o los efectos de derrame, de las opciones individuales, a la vez que la conectividad de los sistemas globales hace crecer el espectro y el impacto de estos efectos.