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Sin remordimientos

NUEVA YORK – El primer ministro japonés, Shinzo Abe, está otra vez reavivando la rivalidad entre naciones y los resentimientos históricos en Asia. Esta vez, dio instrucciones a un comité de historiadores para que reexaminen el pedido oficial de disculpas que Japón formuló en 1993 a las mujeres retenidas en burdeles militares japoneses como esclavas sexuales durante la Segunda Guerra Mundial. Por ciertas declaraciones recientes, resulta evidente que para algunos de los asesores más cercanos a Abe dicho pedido de disculpas fue improcedente, de modo que no sería raro que el comité concluya que Japón nunca estuvo involucrado en hechos de prostitución y que no le corresponde expresar “sincero remordimiento” por lo sucedido.

¿Qué perverso motivo puede tener Abe para buscar algo así?

Por supuesto que pretender maquillar o negar capítulos oscuros de la historia nacional no sería una exclusividad de Japón. En Rusia, en el tipo de educación “patriótica” que propicia el presidente ruso Vladímir Putin, no hay lugar para las matanzas masivas de Stalin. En China, la historia oficial olvidó la masacre de la plaza Tiananmen (por nombrar uno de los hechos sangrientos del pasado reciente del país).

Pero Japón es una democracia con libertad de expresión. El pedido oficial de disculpas de 1993 se produjo en respuesta a que un historiador japonés descubrió documentos que demostraban que el Ejército Imperial Japonés participó directamente en la creación (aunque no necesariamente en el manejo) de lo que en aquel tiempo se conocía como “estaciones de confort”. Una de las razones oficiales para la puesta en marcha de estos sitios fue que las frecuentes violaciones de mujeres chinas por soldados japoneses estaban provocando demasiada resistencia en la población local.