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El dilema imperial tardío de EE.UU.

NUEVA YORK – El presidente de EE.UU., Barack Obama, está siendo atacado – estos ataques provienen de los llamados halcones liberales, que se encuentran más o menos a la izquierda del centro, así como de los intervencionistas activos de la derecha – por ser un presidente débil, que lidera a una nación estadounidense cansada de la guerra (incluso cansada del mundo) que está en retirada.

Los críticos de Obama, ya sea los de la izquierda o los de la derecha, creen que Estados Unidos ha recibido un llamado exclusivo para imponer su voluntad en el mundo. La única diferencia es que la izquierda justifica sus puntos de vista con argumentos de democracia y derechos humanos, mientras que la derecha no necesita ese justificativo, porque, después de todo, Estados Unidos es el mejor país del mundo.

De cualquier manera, la premisa de que EE.UU. debería liderar enérgicamente se fundamenta en la idea de que sin un poder hegemónico benevolente que actúe enérgicamente como el policía del mundo, se suscitaría el caos y fuerzas más malévolas tomarían el poder. Esta opinión fue expresada más claramente en un artículo reciente escrito por Robert Kagan, conservador pensador en el ámbito de política exterior.

Kagan argumenta que no se puede confiar en que otros países se vayan a comportar de manera responsable en caso de que faltase un fuerte liderazgo de EE.UU. Al igual que otros halcones, advierte no sólo sobre que los dictadores se irían a comportar mal si se les da la oportunidad, lo cual es ciertamente plausible, sino que también es necesario mantener a los aliados democráticos tranquilos en su lugar mediante la aplicación de una mano firme y hegemónica.