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A la manera de Chávez

LONDRES – Recuerdo la fecha exacta de mi visita a Venezuela. Estaba tomando sol junto a la piscina en la terraza del hotel Hilton de Caracas. Un camarero se me acercó y balbuceó algo sobre un atentado con una bomba en Nueva York. Fui corriendo a mi habitación y vi las imágenes sin editar, repetidas infinitamente, de dos aviones estrellándose en el World Trade Center.

Yo estaba en Venezuela el 11 de septiembre de 2011 para asistir a una conferencia sobre la "Tercera Vía". Hugo Chávez estaba muy interesado en la Tercera Vía -un modus vivendi entre el capitalismo al estilo norteamericano y el socialismo estatal- como lo había estado Tony Blair unos años antes. El propio Chávez, vestido con uniforme de fatiga, honró brevemente la reunión con su presencia y recibió un volumen importante de textos marxistas de un profesor mayor.

Un día antes, yo había almorzado en el banco central venezolano y había estado sentado junto al vicedirector, Gastón Parra Luzardo. Él me dijo que todos los venezolanos creían que habían nacido con un "pan bajo el brazo" -es decir, el derecho a una porción de los ingresos petroleros del país-. Como resultado, nadie trabajaba mucho. Un economista, Orlando Ochoa, me explicó que la búsqueda de rentas políticas dominaba la economía venezolana. Los oligarcas pelean para mantener el control sobre los ingresos petroleros, los populistas prometen redistribuirlos y ambos grupos se llenan los bolsillos robando todo lo que pueden. Nadie está interesado en generar riqueza.

"Nadie", escribí en mi diario, "cree que Chávez llegue a cumplir su mandato. Lo ven como un payaso pernicioso más que como un revolucionario peligroso". De hecho, hubo un intento de golpe contra él un año después. Chávez sobrevivió y ganó un segundo, y un tercero y luego un cuarto mandato.