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Mirar más allá de Juncker

LONDRES – Al parecer, la Unión Europea puede concentrarse en un solo problema a la vez. Este verano (boreal) todo gira alrededor de quién sucederá a José-Manuel Barroso como presidente de la Comisión Europea. El primer ministro británico, David Cameron, se descubrió a sí mismo librando una acción de retaguardia para intentar bloquear la designación del archifederalista Jean-Claude Juncker de Luxemburgo.

La presidencia de la Comisión es, sin duda, un empleo importante. La Comisión tiene un monopolio en lo que concierne a proponer nueva legislación, cuyo carácter está inmensamente influenciado por el presidente. Pero la nueva legislación es una suerte de lujo para Europa en estos días. En lugar de contemplar nuevas directivas apasionantes sobre las características deseables de, por ejemplo, las cortadoras de césped que se venden en la UE, los líderes de Europa deben llevar a cabo tres tareas urgentes e interrelacionadas.

La primera es política. En las recientes elecciones del Parlamento Europeo, un cuarto de los votantes en el Reino Unido y Francia respaldaron a partidos que son hostiles a una mayor integración y que están decididos a restablecer una Europa de estados miembro independientes. Inclusive en Alemania, a un partido euroescéptico le fue sorprendentemente bien. Los federalistas de centro-izquierda y de centro-derecha han respondido haciendo causa común para asegurar una mayoría para Juncker.

Ese no es un resultado estable. Los defensores del ideal europeo tienen que comprometerse más directamente con sus críticos y articular una visión inspiradora, en lugar de negarse a pensar en una situación desagradable y entonar las palabras "una unión cada vez más estrecha" en cada oportunidad que se les presenta.