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Misterios de las clasificaciones

PARÍS – Gibraltar recibió noticias apasionantes el mes pasado. El último Índice de Centros Financieros Mundiales (ICFM), publicado por la consultoría Z/Yen de Londres, reveló que, desde el informe anterior de septiembre de 2013, la Roca había ganado más puestos y más rápidamente que ningún otro centro: diecisiete, del 70º al 53º.

Me imagino las celebraciones que habrá en la Ciudad de Gibraltar, donde, ahora que se ha cerrado la base naval británica y España está creando problemas en la frontera, los servicios financieros son decisivos para el empleo, y también me imagino que muchos en Hamilton (Bermudas), que se desplomó casi tanto como Gibraltar subió –16 puestos, hasta el 56º–, deben de estar compadeciéndose de sí mismos, mientras toman su ponche de ron.

Desde luego, también es posible que Gibraltar y Bermudas hayan preferido pasar por alto los resultados o discutir su importancia. En cualquier caso, resulta indudable la actual obsesión mundial con las clasificaciones. Podemos encontrar una clasificación para casi todas las formas de actividad humana.

La clasificación de los bancos comerciales se hace por activos; la de los bancos de inversión, por una diversidad de criterios, como también las universidades: desde los resultados académicos hasta sus proezas en materia de gestión medioambiental pasando por su atractivo para los estudiantes gais. En el Reino Unido, se puede encontrar un cuadro en el que se muestra el mejor lugar para vivir si se desea tener premio en la Lotería Nacional de Gran Bretaña. (Las posibilidades son casi el doble en el Nordeste que en Irlanda del Norte).